Es extraño el proceder de la gente común. Les agrada criticar y juzgar a los demás, sobre todo cuando éstos incurren en costumbres y credos diferentes.
Ahí tienen por ejemplo los hábitos alimenticios: los vegetarianos, los naturistas, los macrobióticos, siempre serán incomprendidos por la gente carnívora, esa mayoría de inmisericordes depredadores a los que les fascina comerse una enorme variedad de seres vivos, a los cuales alimentan y después de un tiempo sacrifican, se los comen frescos o los procesan para su beneplácito, y para ellos esto es lo correcto. Nunca será criticada ni señalada nuestra actual “civilización” devoradora de cadáveres congelados y carroña procesada.
A mis 103 años de edad me conservo como si tuviera
En ocasiones reflexiono: si la actual humanidad poseyera el secreto de mi longevidad, esto crearía una peligrosa competencia que no sería conveniente para mis intereses. No, no, no: La humanidad destruye toda novedad, no son dignos ni están preparados para tales revelaciones. Afortunadamente, somos pocos los elegidos en la deliciosa preferencia de la antropofagia. Esto me hace sentirme como un agente secreto, o como un vampiro al que no conviene que se sepa de su existencia, pues de ser así su especie estaría en peligro de extinción.
Actualmente envidio a los depredadores selváticos, que tienen el placer de devorar vivas a sus víctimas. Probablemente intentaré tal hazaña con alguno de los jóvenes repartidores de pizzas que periódicamente me visitan luego de que hago un pedido telefónicamente. ¡Carne fresca y tierna, un suculento bocado al paladar! Una vez que logre esto volveré a mudarme, pues por este vecindario ya no pasan con frecuencia pequeños niños juguetones, como los que prefiero para abastecer mi frigorífico.
La carne humana es de lo mejor, se las recomiendo. Y recuerden, sean cautos con los vecinos. Ah, una última recomendación: no incluyan a sus parientes en el menú, pues producen muchos gases y piedras en el hígado. ¡Buen provecho!
FIN
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